sábado, 24 de febrero de 2007

Dias tristes





Llevo todo el día azorado, por una infinita tristeza. A veces, uno se levanta, y tiene la sensación de la aplastante inconmensurabilidad del Mal, de la infinita superioridad del mal.



Iré a bañar un rato este cardo de corazón hecho trizas en Teresita de Lisieux. Seguro que ella da alguna respuesta a esta congoja profundísima que se me ha instalado, esa sensación de estar rodeado de la más absoluta indiferencia a lo sublime, a lo espiritual, a Dios.

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