Toda belleza es mórbida, es amiga de la muerte. Porque cuando la descubrimos, es como si en un instante poseyéramos todo, como en una especie de Big Bang al revés. Y la belleza de ese "atrapar la belleza" estriba precisamente en eso: es un instante irrepetible, único.
La paradoja es que, mas adelante, inesperadamente, la volvemos a descubrir. Y aparece de forma absoluta, nueva, irrepetible, abarcando de forma distinta y superior el momento de belleza anterior. Y así, entre salto y sobresalto, vamos corriendo de una boca de un túnel a otra, de la luz al deslumbramiento. Y es que el morir existe para que podamos vivir en plenitud. La plenitud, existe porque se asienta sobre la podredumbre.

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